Publicado a 2026-07-16 Serie [[Cuando los programas tengan derechos (serie)]] --- La puerta de marco rojo pulsó durante unos segundos con el brillo que caracterizaba a estas estructuras-puente, hasta terminar de materializarse, condensada finalmente en un tono carmesí. Luego, un crujido metálico similar al de un pestillo anunció el alineamiento con el otro lado, y un instante después la hoja se introdujo en la pared sin hacer uso de bisagras. En su lugar, se deslizó hacia atrás y hacia uno de los lados, haciendo visible un espacio de completa oscuridad sobre la que descansaba una figura de estatura y complexión media, con el rostro convencional y las facciones casi inexistentes. Johan había estado múltiples veces en presencia de proxies, pero nunca en la misma estancia con uno de apariencia tan vaga. La figura dio un par de pasos hacia delante, abandonando la oscuridad y entrando en la sala de interrogatorios por el único acceso existente. Portaba una carpeta, probablemente con el objetivo de parecer más profesional, y su ropa era la de un chupatintas cualquiera, zapatos incómodos, pantalones chinos de color marrón pálido, una camisa amarillenta coronada por una soga a tono de los pantalones y de la chaqueta. Si esta criatura anodina, inexpresiva y vacía iba a ser quien le representase en el juicio del siglo, ya podía despedirse de todos sus bits. —Señor González —hasta la voz estaba vacía de contenido—, me llamo Jean-Luc Dubois y he solicitado ser su representante legal, si a usted también le parece bien —permaneció unos segundos más en una posición estática, sin siquiera pestañear, hasta el punto de parecer un maniquí hiperrealista de los que remueven el estómago por parecerse en demasía a una persona real sin llegar a serlo—. Quiero empezar pidiéndole disculpas por la apariencia, en estos precisos instantes uno de los dibujantes de oficio está digitalizando mi apariencia y espero mostrarme pronto con mi aspecto real. No quería hacerle esperar más de la cuenta. —Sabiendo esto último, me siento parcialmente aliviado. Supongo que no hay necesidad de presentarme y que a estas alturas ya lo sabe todo de mí —la actitud desafiante de Johan González entró en conflicto con la extensión de su brazo derecho hacia el abogado todo lo que daban los tensos grilletes, quien avanzó su extremidad aceptando el apretón de manos—. Tiene usted mi autorización para representarme legalmente, supongo, si es que la necesita. Tampoco creo que tuviese mucha alternativa para elegir un abogado con sus... características corpóreas particulares. —No hay más haciendo cola al otro lado de esa entrada —dijo indicando con la cabeza el marco rojizo relleno de negro—, si es lo que necesita saber, pero vaya por delante que si no se siente cómodo con mis servicios tiene, aparentemente, todo el derecho del mundo a solicitar un reemplazo. Pero le voy a ser completamente franco: dudo que obtenga una mejor representación. —¿Y eso por qué? ¿Es usted especial en algún modo? —a pesar de estar atado con esposas tanto al suelo como a la mesa, González mantenía el pulso provocador, aunque su mirada afilada titubeó durante un segundo cuando el pelo del abogado se rematerializó de un anodino negro liso a un castaño con rizos que le cayeron sobre los hombros, un evento al que Jean-Luc no prestó ninguna atención, suponiendo que se hubiese dado cuenta. ¿Podía percibir su propio aspecto? —Para nada, señor González —Jean-Luc tomó asiento frente a Johan y apartó la carpeta a un lado de la mesa—, es evidente que el especial es usted. Lo lleva siendo años, y ahora además de especial es conocido. Por eso me he interesado en su caso. El resto de mis compañeros lo consideran, lo diré sin rodeos, un marrón en el que preferirían no entrar. No sé cómo de consciente es usted de la que se ha liado ahí fuera. —¿Ahí fuera, o ahí arriba? —Lo que usted prefiera. A mí ese tipo de discusiones me traen sin cuidado. Mi objetivo es sacarle de aquí, este caso es bastante grande y va a sentar precedentes. —Pero no ahí fuera, claro —González se mantenía beligerante. —Me temo que eso es imposible, de momento, aunque prefiero no trabajar en base a hipótesis y atenerme a los hechos. De todos modos, le recomiendo expresarse en términos de "dentro" en lugar de "abajo", especialmente si declara, por una cuestión de percepción pública. Este juicio va a ser televisado y ahí fuera la cosa ya está bastante tensa. "Abajo" incorpora cierto victimismo que no le beneficia en este momento. ¿Le han informado del punto en que estamos? —¿Se refiere a cómo avanza la acusación? —Eso es —Jean-Luc perdió los ojos marrones y ganó unos afilados ojos azules casi blancos que parecían hielo, algo que le daba un aspecto completamente diferente—, se ha podido demostrar que el señor Román Corpas Escamilla ha sido asesinado, y es muy probable que sea usted acusado de cómplice de homicidio si no directamente de asesinato en... primera... persona, señor González. Aún no ha habido una acusación formal, claro, pero el mero hecho de que se hayan solicitado medidas cautelares y que se hayan aceptado antes incluso de la propia acusación, en la fase de investigación. _Periculum in mora_, por si se fuga por alguno de sus "pasadizos" habituales. Presuntamente, ha habido varios intentos de manipulación de maquinaria mediante hackeo por su parte, y al parecer Escamilla amaneció empalado dentro del pretensado de una hormigonera industrial autónoma. —Presuntamente —Johan realizó una mueca y sonrió ligeramente ante el término de vías de escape usado por el que iba a ser su abogado, al que se le agrandó la nariz al tiempo que le crecían unas gruesas gafas de pasta. Lo que había ganado con el tono de ojos lo estaba perdiendo a base de dioptrías. —No se preocupe, no voy a preguntarle si ha hecho alguna vez turismo ahí fuera. No necesito saberlo. —Dígame una cosa. Si me declaro culpable, ¿cómo afectaría eso a la "percepción pública"? —daba la impresión de que Johan jugaba una partida de ajedrez en la que el ataque era la única estrategia. —Preferiría no ir por ahí. Mi trabajo no es la especulación política, que es donde parece que quiere meterse de cabeza por su trayectoria de los últimos años, sino sacarlo de este lío, le confieso, para que pueda seguir manteniendo esa misma trayectoria. Me cae usted bien, me gusta lo que ha estado haciendo y querría que pudiese seguir avanzando en ese... activismo, llamémoslo así. —Así lo llamo yo —González se reclinó ligeramente para dejar oxígeno a la nueva perilla de Jean-Luc. Su abogado había pasado de insulso maniquí a caricatura francesa. Se preguntó si cambiaría algo más en su aspecto a medida que lo digitalizaban. —Pero para eso tengo que librarle del encierro o del borrado. Y con una declaración de culpabilidad le puedo garantizar que pondrán todos sus unos a cero, si me permite el lenguaje —la piel de Jean-Luc ganó de golpe más de una década. Aparecieron dos enormes manchas bajo los cristales indicando la falta crónica de sueño, las orejas cayeron ligeramente hacia abajo y la nariz quedó sembrada de puntos negros. Ahora sí parecía un humano de verdad. Había que admitir que el dibujante se estaba dando bastante prisa, aunque había evidentes patrones de simetría que ninguna persona de verdad poseería. —Tenemos que considerar la posibilidad de que el cese de mi existencia suponga un activo más importante que mantenerme consumiendo energía —Johan miró profundamente al abogado. Era evidente que iba en serio con su propuesta. —Como le decía, prefiero no especular. Se declara culpable, le borran y luego qué —el abogado ganó un tono de voz profundo, casi ronco y garante, perfecto para una defensa—, ¿le convierten en mártir? —Los servoclastas acaban de ganar un mártir. Uno que ha alardeado y se ha jactado en repetidas ocasiones de la destrucción de múltiples entornos digitales, y lo ha hecho con un nivel de violencia pocas veces documentado. En cualquier otro entorno habría sido considerado un genocida... —Y mi impresión es que el señor Escamilla pasará a la historia de esa forma —interrumpió con su nueva voz—, como un nazi servoclasta que ha matado civilizaciones enteras. No sé si es consciente de esto, señor González, pero usted ya ha ganado. Se le va a imputar un homicidio, y el mero hecho de tenerle en esta sala ya envía un mensaje. ¡Le han puesto grilletes y todo! ¿A dónde se piensan que va a escapar, si le han destinado un servidor aislado para usted solo? —el abogado golpeó el suelo con su nueva bota de montaña— Ahí fuera los defensores de sus derechos (y obligaciones) están de celebración y cuelgan pancartas. Creo que la mejor estrategia es declararse inocente y que la acusación se vea incapaz de encontrar pruebas de su implicación en el asesinato. ¿De verdad quiere ejercer su libertad y reconocimiento mediático con un muerto? ¿El asesinato como primera acción legal de una persona simulada? Tanto si es declarado inocente o culpable en algún grado, ya ha elevado su caso a un estatus nunca antes visto. —Admito que es irónico que sea la muerte de ese hijo de puta la que me otorgue derechos. —La justicia es a menudo irónica. Y las relaciones humanas más aún. Por lo que a mí respecta todos los servoclastas son unos parásitos del sistema que solo viven canibalizando la atención mediática para conseguir poder político. Quítales el enemigo que han creado ellos mismos y acabarán siendo ignorados. —Como ya ocurrió con la homosexualidad en el XX, y la inmigración y lo trans en el XXI. —Exactamente. Piense en el golpe que se les está dando a esa gentuza. Ha sido su propia mujer la que le ha denunciado a usted. Ha ignorado por completo la posición de su ahora exmarido, pisoteando sus creencias si es que podemos llamarlas así, solo para intentar ganar algo de dinero de rebote en un juicio. Y ni siquiera ha denunciado a la propiedad de su servidor, que tampoco tiene precedentes pero que habría sido coherente desde una perspectiva servoclástica. Han ido a por usted. A pesar de los intentos de Román Corpas Escamilla de quitarle su humanidad, la imbécil con la que se casó acaba de tirar por tierra todo su movimiento. —Desconocía esa parte, llevo aquí incomunicado varios días. —No quiero darle falsas esperanzas pero tiene el juicio público ganado. La admisión de la jueza de las cautelares ya implica cierta simpatía a su movimiento, los nazis se están enfrentando unos a otros con acusaciones cruzadas porque muchos no entienden cómo es posible que la acusación vaya a por usted o que se le haya retenido en lugar de despachado directamente, y el movimiento pro-simulados está ganando fuerza. Creo que su mejor estrategia es ganar el juicio, y a eso he venido, si me permite ayudar —Jean-Luc dio varios golpecitos en la carpeta, que en algún momento había ganado grosor a medida que los documentos originales eran escaneados y copiados al servidor. Johan inclinó la cabeza, elevó ligeramente los brazos y separó las palmas de las manos. —Empecemos, entonces.