Publicado a 2026-08-13 --- El suelo empezó a vibrar segundos después de que el segundo sol se sumergía en el horizonte, y ahora eran las botas de Shahid las que se hundían en el terreno. Con el movimiento oscilatorio del suelo, la arena formaba patrones zen como si de un antiguo jardín japonés se tratara. Con sus piernas absorbiendo parte del tamborileo del suelo, el corazón del exsoldado hizo exactamente lo opuesto de los entornos de calma nipones, alcanzando pulsaciones por encima de las que había monitorizado durante las primeras horas escondiéndose en el planeta. La poca paz interior que había logrado en este nuevo paraíso se esfumaba al tiempo que sus órganos internos resonaban con el paisaje. El zumbido empezó a afectarle a la vista tan pronto los ojos se movieron a alta frecuencia. Todo temblaba a su alrededor. _En contra de su voluntad, su mente saltó a la tercera luna de Cignus-V, su segundo destino operativo, y el lugar que pudo haberse convertido en su tumba. El suelo también se desplazaba con microsismos, aunque a intervalos irregulares y bruscos. Con cada impacto aéreo, cada misil, cada silo volando por los aires, ondas expansivas atravesaban la fina corteza de hielo, y cada nuevo zarandeo obligaba a la unidad a encontrar nuevos puntos de equilibrio. Los tacos de fibrometal a duras penas se clavaban sobre la superficie pulida por el viento, y cada pocos minutos era necesario clavar las botas de nuevo sobre el espejo de agua._ Apenas unos segundos más tarde, en la infinita playa, las cortezas de los pirodendros iniciaron sus crujidos a medida que la savia del color de la lava ascendía desde el bulbo situado en la base, siguiendo un patrón venoso orgánico de pura energía, hasta alcanzar la copa. Luego, los árboles empezaron a vomitar fuego al cielo. Primero un ejemplar aislado, luego unos pocos más, segundos más tarde todo el bosque ardía como una antorcha que trataba de iluminar los cielos nublados. Las columnas de hidrógeno en combustión se fusionaron alterando los vientos hasta conformar un tornado de fuego que ascendía para escapar del planeta. _En Cignus-V, los crujidos del hielo daban lugar a desplazamientos del permafrost cuando lo había, lo que lograba desestabilizar las estructuras construidas sobre el mismo hasta hacerlas implosionar. Peor suerte sufrían quienes se apostaban en la fina superficie de hielo flotante cuando este convertía los impactos de las ondas en esquirlas de decenas de metros de longitud. Con cada trueno recorriendo el sólido frío entre el océano y la fina atmósfera, el pelotón temía ser engullido por el frío. A un kilómetro de distancia, una explosión fracturó el hielo y una columna de agua helada a presión se solidificó a medida que ascendía, apuntando a un cielo repleto de estrellas. Si había soldados en el área habrían muerto por la onda expansiva, por la explosión del suelo o por la metralla helada de los carámbanos siendo inyectados en todas direcciones a medida que la columna helada se endurecía. Desde el espacio, aquella luna azul parecía un lugar tranquilo y estático, un cuadro donde reposar, pero la experiencia sobre el terreno era completamente distinta._ A pesar de estar a más de cien metros de distancia, la cara desnuda de Shahid notó el calor de la quema del hidrógeno líquido. Notó el fuego recorriéndole el empeine del pie, los muslos, el vientre, el tórax, el cuello y la cara; como si la espalda insensible perteneciese a otra persona. Se llevó instintivamente las manos a los ojos, intentando sin éxito cubrir cada resquicio. Aun así, la luz se abrió paso incluso cuando cerraba los ojos, mostrando un tono rosado y débiles contornos con las formas de sus falanges. La radiación era tal que tuvo que girarse y echar a correr en dirección al agua, a casi un kilómetro de distancia. Ahora era la espalda lo que ardía, y puntos de luz blanca corrían por su campo de visión. ¿Iba a perder la vista? Había cambiado una tumba helada por una de fuego, y el cielo sonaba con la fuerza de la combustión hasta el punto de ahogar los gritos que él mismo emitía. _La imagen de sí mismo corriendo por el hielo hacía apenas unas horas de tiempo subjetivo le vino a la mente. Si no fuese por el traje protector que le impedía moverse con la velocidad a la que querría desplazarse a través del páramo de hielo, la piel del soldado se congelaría en cuestión de segundos. La atmósfera, irrespirable, estaba próxima a los menos doscientos grados centígrados, y bastaba una bocanada desesperada para sucumbir a aquella luna asquerosa. Por lo que él sabía, todo su escuadrón había fallecido minutos después del impacto de la corbeta. Herida de muerte, había caído en picado contra la superficie, atravesado la corteza y desestabilizado toda la zona. Lo traumático del evento es que solo se oía su respiración agitada y los crampones sobre el terreno._ La luz de un segundo amanecer, esta vez provocado por una bola de fuego atmosférica y su reflejo en la cubierta de nubes, iluminó toda su visión periférica y el camino hacia la playa como si le estuviesen alumbrando con un par de cañones-T. Si hubiese podido oler se habría dado cuenta de que su propia piel estaba siendo tostada por un radiador de medio kilómetro de altura. Ya quedaba poco para llegar al agua. Igual lo conseguía. _Para cuando llegó al hangar de escape de Cignus-V, la superficie estaba en completa oscuridad y el combate espacial apenas arrojaba luz sobre la instalación, cuyos focos habían sido apagados para evitar desvelar su posición desde arriba. Respirando de forma agitada por el frío colándose por las fugas del traje, e intentando retirarse la escarcha del visor, logró encontrar el portón y golpear la manivela hasta abrirlo a la fuerza. El traje estaba lleno de asqueroso sudor helado._ Aquella mujer los había llamado "sopletes" y le había advertido que no debía acercarse a los biomas en los que estos estaban presentes, pero cuando uno huye del ejército del cual ha desertado, las opciones se reducen de forma considerable. El verdor del agua estaba a apenas unos cientos de metros. Podía notar cómo la ropa se le había quedado pegada a la espalda por el calor, sumándose a las heridas previas. Si no moría en las próximas horas, en unos días lo mataría una infección. _Recordó una sensación similar al despegarse el traje protector congelado de la espalda una vez a bordo de la cápsula de huida. No se giró para comprobar cuántos pelos o cuánta piel había quedado fusionada al traje, pero percibió varias gotas de sangre deslizándose por la piel. Se puso como pudo un mono, un casco, entró en la cápsula de escape y encendió el NavPad. Desactivó la red de la cápsula de la matriz para que nadie pudiese seguirle ni ver los registros y buscó el destino más cercano. El planeta Asklepios se encontraba en la base de datos y era un salto viable de apenas un par de semanas objetivas. Mismo sistema solar. Tendría que valer._ La piel ardía a pesar de la distancia con la pira botánica. Shahid estaba agotado, pero logró caminar hasta la orilla y gatear los últimos diez metros. Lentamente, sumergió su cuerpo herido en el mar tibio. Todo su ser dolía. _Todo su cuerpo estaba a punto de entrar en shock por el frío, y se preguntó cómo sería despertarse tras el viaje y morir unos segundos de tiempo subjetivo después. Lentamente, la cápsula se llenó de fluido para el viaje._ Sacó la cabeza del agua y observó el horizonte, en dirección opuesta de donde provenía el calor. Iba a morir aquí. Tampoco eran malas vistas. Se preguntó qué hubiese pasado si no hubiese huido a aquel planeta, si seguiría vivo o si nadie le estaría persiguiendo. Si los enemigos le habrían capturado. La próxima vida aprendería a escuchar, alejarse de los árboles de fuego. _Despertó a medio kilómetro de un pequeño asentamiento colono de no más de doscientos hogares. Tras la congelación, aquel lugar tropical resultaba ser el paraíso, al menos hasta que un par de conversaciones con los locales le confirmó que se había activado la búsqueda de desertores en el área y se habían visto patrullas rondando. Protocolo estándar. Una mujer le regaló unas prendas y le dijo que corriese a las montañas evitando los sopletes, fuesen lo que fuesen._ Con el agua salada haciéndole palpitar la piel, miró al cielo por última vez. Cignus-V era visible como un punto pálido al borde de la atmósfera. Un vehículo militar ligero flotaba por encima de las olas y reflejaba los giros del fuego, como si una esquirla cristalina de la luna hubiese caído al planeta en su búsqueda. Pero ya no había nada que encontrar. --- [[Todos los relatos]]