Publicado a 2026-08-03
---
De vez en cuando ocurría. Era raro, pero ocurría. Alguien salía en misión de combate a decenas o cientos de años luz dejando a un hijo o una hija en Tierra, y varios siglos más tarde ambos coincidían en alguna misión de una roca perdida de la mano de Dios con edades similares debido a los efectos de la dilatación temporal. También era jodidamente violento para los implicados debido al abandono infantil que representaba, y nunca se habían registrado tres generaciones coincidiendo en la misma tartana. Hasta ahora.
La probabilidad de que abuelo, padre e hija coincidiesen en la misma flota era tan baja que a la almirante le había parecido una señal de los dioses y los había colocado en la misma escuadra. Nada más salir del hipersueño, Neha recibió la orden directa para el traslado a la UCE Shéndùn, batallón 45, compañía tres, sección dos, pelotón gamma, escuadra dos. El equilibrado de presión liberó un chasquido en el atraque y la puerta del esquife se abrió para mostrar los pasillos interiores de la Shéndùn. La armadura sería enviada más tarde mediante correo interno de la flota. Neha se echó el petate a la espalda y siguió las indicaciones de su navegador hasta la compuerta rotulada con el apellido familiar.
Varias semanas más tarde, tras la victoria de la primera batalla que los tres habían compartido, estarían condenados a compartir alojamientos. La lanzadera ascendía lentamente de la superficie del planeta. El rostro de Neha estaba empapado en sudor y sangre por la herida de su cráneo, y el brazo derecho colgaba de una maraña de tendones humanos, cables y tejidos de varios tipos. Ni los amortiguadores de impacto ni los airbags de la armadura habían podido contener el impacto del último combate, saldado finalmente con la probable pérdida del brazo derecho, tres costillas rotas, una rótula menos y la mayor contusión craneal de su corta vida en combate. A su derecha, Arjun daba una merecida cabezada inducida por las drogas. En su caso, la sangre y el barro cubrían buena parte de su traje mecánico y, aunque no había recibido impactos de gravedad, había pasado la mitad de las tres semanas de combate aislado en territorio enemigo sin acceso a combustible y comida. La última misión de aquella guerra había consistido en la toma del último bastión enemigo y el rescate de Arjun, el Singh cronológicamente más mayor pero el biológicamente más joven del conjunto. Sentado frente a ambos estaba Ravi, a la vez hijo de Arjun y padre de Neha. Su edad avanzada demostraba que había pasado más tiempo despierto, en combates próximos en alguna de las ramas exteriores de la galaxia donde ahora se encontraban, saltando de luna en luna, de batalla en batalla. Su experiencia previa le había granjeado una salida limpia de este último combate, aunque décadas atrás había llegado a perder ambas piernas a la altura de la rodilla y el antebrazo derecho.
Los efectos relativistas eran uno de esos grandes chistes cómicos que pierden su gracia cuando se explican, y a la tensa relación de la reunión familiar se le agregaba la presencia de un padre experimentado, un abuelo con apenas un servicio en combate y una nieta recién salida de la academia marciana. Uno nunca sabía a qué próxima misión iba a ser enviado, cuántos años de sueño a velocidades relativistas iba a necesitar, ni en qué año iba a ser descongelado para disparar a qué enemigo. La Unión de Colonias Espaciales se guardaba el derecho a almacenar a los combatientes hasta ser necesitados, por lo que con cierta frecuencia los periodos de paz locales implicaban aceleraciones hasta velocidades próximas a la luz de forma indefinida. La mitad de la galaxia era un enorme almacén de combatientes para llevar, y no solo debido a los periodos de calma: los combatientes perdían años de vida útil esperando el siguiente combate y además había que pagarles un salario por cada día servido. Tratarlos como polos humanos era mucho más eficiente desde el punto de vista de la economía de guerra.
La lanzadera golpeó la UCE Shéndùn de forma mucho más violenta de lo que Neha hubiese disfrutado, obligándola a doblarse por el dolor de la herida. Como transporte médico prioritario por sus destrozos, la lanzadera había sido de las primeras en la evacuación. La compuerta se abrió con un segundo golpe y Neha sintió cómo su mente se evadía de las punzadas. Cuatro auxiliares mecánicos corrieron a sujetarla mientras otros dos disponían una plataforma en el centro de la lanzadera. Arjun observaba la escena en silencio. Ravi dormitaba, y fue inspeccionado durante apenas unos segundos por uno de los auxiliares antes de pasar de nuevo a Neha.
—Cortad la armadura aquí mismo, la trasladamos orgánica —guio el que parecía el líder del rescate. A la orden le siguió un pequeño ejército de anclajes para el brazo, una cubierta para el rostro de Neha, así como sierras afiladas y tenazas. En apenas treinta segundos, la armadura de la joven descansaba hecha añicos en el suelo de la lanzadera. Uno de los auxiliares se apresuró a cubrir las zonas de sonda y un segundo liberó la plataforma.
—No te preocupes, hija, lo has hecho genial esta vez, te van a preparar para la siguiente. —El rostro de Arjun fue lo último que Neha vio antes de perder el conocimiento.
---
[[Todos los relatos]]